BLOG

Somos lo que comemos

Mientras medio mundo se muere de hambre el otro medio se muere por comer demasiado. Vivimos dentro de un sistema orientado a los mercados globales de mercancías y guiado por criterios de rentabilidad.

Actualmente, el modelo alimentario es incapaz de alimentar a toda la población mundial

Mientras medio mundo se muere de hambre el otro medio se muere por comer demasiado. Vivimos dentro de un sistema orientado a los mercados globales de mercancías y guiado por criterios de rentabilidad: bajos precios y mala calidad de productos para los consumidores de países desarrollados, que cada vez más se alimentan de productos procesados y artificiales y que, lamentablemente, cada vez están más enfermos.

Los ganaderos y agricultores ya no producen buenos alimentos ya que están presionados por los ritmos del mercado; un mercado que basa la maximización de su beneficio en la utilización indiscriminada de prácticas antinaturales, como el uso de agroquímicos, transgénicos, hormonas, antibióticos, aditivos, etc.

Además, estas prácticas no solo destruyen nuestro organismo, debilitándolo e impidiendo la evolución del Ser, sino que también destruyen nuestro hábitat, aniquilando y causando sufrimiento a animales, insectos y vegetales, con el único fin de generar grandes beneficios a las multinacionales productoras de alimentos.

Observemos pues un pedazo de carne procedente de la ganadería convencional; éste puede contener un buen cóctel de antibióticos, hormonas, acaricidas, antiparasitarios, aditivos, etc. y que además, ha estado alimentado con pienso de dudosa calidad. Por todo lo citado anteriormente, seguramente, el animal ha estado sometido a estrés, dolor extremo y crueldad. ¿Qué tipo de energía generará en nosotros este alimento?

¿Y qué pasa con el pescado? Lamento tener que decirlo, pero éste ya no es fiable. El pescado marino posee un alto contenido en mercurio presente en nuestros mares, debido a los vertidos y emisiones procedentes, por ejemplo, de las centrales térmicas de carbón o algunas industrias de plástico. A parte, estamos acabando con numerosas especies marinas debido a la sobreexplotación causada por la pesca intensiva y la contaminación.

Post de enzimat: somos lo que comemos

Pero como siempre, la indústria alimentaria nos da la solución: las piscifactorías. No obstante, los costes en términos de salud animal y humana son espantosos: destrucción de lagos causados por desechos contaminados y aparición de nuevas y viejas enfermedades que los piscicultores combaten con químicos. Por no hablar del pienso con el que son alimentados los peces: mezcla de harina de pescado, aceite de pescado, sangre, residuos de plumas, entre otros.

Por otro lado, la agricultura convencional utiliza todo tipo de técnicas y métodos industriales como productos químicos, mecanización y semillas mejoradas (transgénicos), para aumentar la producción y reducir la mano de obra en el cultivo, recolección y preparación de los campos. No obstante, todas estas técnicas también comportan un gran riesgo para la salud humana y para el medio ambiente.

En primer lugar tenemos los compuestos químicos contenidos en los agroquímicos, éstos se acumulan inevitablemente en nuestro organismo y pueden ser causa de alteraciones en el sistema nervioso, desórdenes hormonales y esterilidad.

Foto de piscifactoría

En segundo lugar, los transgénicos son organismos que han sido modificados genéticamente intercambiando genes con otras especies, creando así plantas más resistentes, no obstante, se les ha empezado a relacionar con la aparición de nuevas alergias, resistencia a antibióticos, aparición de nuevos tóxicos en los alimentos (debido a los cultivos BT o a las proteínas que se utilizan como marcadores en los OMG), incremento de la contaminación en los alimentos por un mayor uso de químicos y disminución de la fertilidad presente en ratones alimentados con maíz modificado.

Actualmente, el modelo alimentario es incapaz de alimentar a toda la población mundial, envenena lentamente a quienes alimenta, destruye los ecosistemas y desestabiliza geopolíticamente al mundo. A fin de atrapar la voluntad del consumidor las empresas alimentarias compiten para que un producto se vuelva más irresistible: la publicidad incita al consumo del producto más allá de las características propias del alimento.

Somos presos de un vertiginoso ritmo de vida en el cual cada vez tenemos menos tiempo para elaborar nuestros alimentos, y las grandes empresas de alimentación lo saben; por lo que la industria alimentaria ha conseguido imitar a la naturaleza y sintetizar sus sabores, y ha creado toda clase de alimentos procesados fáciles de preparar y de larga duración.

¡Pero nunca podremos substituir a nuestra Madre Tierra! La mayoría de alimentos procesados contienen colorantes, conservantes, espesantes, antioxidantes, aromatizantes, emulgentes, edulcorantes, acidulantes, etc. que intentan devolver a un producto desvitalizado y sin sabor su frescor natural, pero con un dudoso beneficio para la salud.

En la actualidad existe un alto índice de obesidad en los países desarrollados, y las principales causas de muerte son la hipertensión, los infartos, el cáncer y la diabetes. Éstas están estrechamente relacionadas con el nivel de vida y la dieta, y sinceramente creo que la causa principal es la falta de educación en los hábitos dietéticos de la población.

No obstante, en ciertos sectores de la sociedad se gesta una nueva revolución: la alimentaria. Crudistas, crudi-veganos, vegetarianos, ovolacte-vegetarianos y macrobióticos optan por comprar alimentos locales y ecológicos, reduciendo el consumo de producto animal, dando prioridad al producto local y de proximidad y pagando un precio justo por un alimento de más calidad.

El alimento que ingerimos se transforma en nuestra sangre y la sangre en nuestras células, las células en nuestros tejidos (cerebro, piel, huesos, órganos internos, pelo…). Pero además, se transforma en nuestra energía, en lo que pensamos, en lo que hacemos y en lo que sentimos. En realidad, cada uno de nuestros actos determina lo que ahora somos.

El acto de alimentarnos va más allá del mero hecho de nutrirnos, por eso tenemos que escoger nuestros alimentos desde la INOCENCIA, el RESPETO y el AMOR.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

5  +  4  =